Se dice que para obtener las respuestas necesarias hay que empezar por plantear las preguntas pertinentes, y además, hacerlo correctamente. La cuestión de la participación de las audiencias en los informativos audiovisuales es uno de esos asuntos que reclama respuestas a voz en grito. Sin embargo, las preguntas adecuadas no pueden plantearse al margen de la situación concreta del medio y del panorama comunicacional general. El llamado solucionismo tecnológico cree que los problemas sociales se resuelven con la mera introducción de un nuevo elemento técnico, pero la realidad nos dice que eso sucede pocas veces.  Porque no existe la sola tecnología stricto sensu, toda opción y acción tecnológica es una actividad humana que viene determinada y propiciada por factores sociales. Así pues, comencemos por el principio y marchemos, yo el primero, por la senda de la correcta formulación de preguntas, para ver si tirando de ese hilo podemos avanzar en la construcción de respuestas. Lo que sigue son unos simples apuntes en este sentido, para compartir.

  • Las transformaciones que la televisión como medio debe afrontar son probablemente más ingentes que lo que parecen a primera vista. En principio se suponía que debía actuar en consecuencia a un cambio profundo en la determinación tecnológica: la revolución digital. Pero ahora podemos ver que de lo que se trata es de la irrupción de una cultura digital, entera y en toda la regla. Una cultura –un salto cultural transformador, como la invención de la imprenta y el surgimiento del libro moderno—hace mucho más que reclamar una adaptación técnica de los modos de expresión de la cultura anterior. ¿Cuáles son las nuevas determinaciones/posibilidades que la cultura digital presenta a la televisión? ¿Cuáles de ellas son posibilidades tecnológicas y cuáles oportunidades sociales? En su conjunto, ¿qué panorama dibujan en cuanto a expansión, diversificación e impacto en el terreno comunicacional, informativo, cultural y social?
  • La aparición de los canales de noticias 24 horas fue una respuesta temprana de la TV a la ruptura del concepto de periodicidad noticiosa incluso antes de su plena eclosión por internet. La imagen prominente de la comunicación global en los años 90 eran los canales noticiosos vía satélite. Luego llegó la Web 2.0 y primero los blogs y luego las redes sociales de internet fragmentaron todavía más el menú informativo disponible globalmente. ¿Está la televisión, como medio pero también como estructura de corporaciones y conglomerados de dispositivos profesionales y técnicos en condiciones de dar un salto adelante como el que supuso en su momento el de los canales globales informativos? ¿Qué fortalezas lo permitirían y qué debilidades lo impedirían?
  • Cuando vivimos inundados de información audiovisual a todas horas, ¿tiene sentido todavía la presencia fija de informativos en lugares inamovibles de la parrilla? Hace muchísimo tiempo, en una galaxia muy lejana, las familias sintonizaban la radio a la hora de comer y a la de cenar, para escuchar “el parte”. ¿Los informativos de televisión emitidos ahora (todavía) en puntos fijos de la parrilla de programación continúan teniendo sentido? ¿Siguen siendo un referente necesario o son un obstáculo para una eclosión informativa general que produzca una oleada de avance?
  • ¿Cómo podría e incluso debería ser la interacción de la TV con su público en la era de las redes sociales? Estas proporcionan instantaneidad y comunicación multipolar en red, pero antes, la radio ya inventó la participación de los oyentes en directo vía telefónica, modo de interactividad aún no superada por la TV. ¿Puede la televisión hallar, en este contexto, su forma propia y original de interactuar con sus espectadores en busca no sólo de participación sino de complicidad?
  • Para conseguir lo anterior, ¿cómo podrían ser los diseños de interactuación e interpenetración entre televisión y redes sociales? Y en el caso de la radiotelevisión pública, ¿qué tipos de programación en paralelo en radio y televisión podrían idearse para lograr ese efecto?
  • En un momento de auge de las series y las nuevas formas de consumo de ficción, ¿qué tiene esto que decir a los productores de contenido informativo? ¿De qué modo estos nuevos gustos del público y los productos a los que este gusto se adhiere ponen en evidencia los aspectos en los que los informativos de televisión se han quedado atrás, en cuanto a géneros, formatos y lenguajes? ¿De qué modo nos interpela la renovación sofisticada de la ficción audiovisual, que ha hallado y creado nuevos públicos y la inmovilidad de los géneros y lenguajes de unos informativos que aún buscan los suyos?
  • El siglo XX nos ha dejado un rico acervo de escritura periodística en los medios audiovisuales, que ha evolucionado desde la vieja locución radiofónica, hierática y engolada, hasta la estructura redaccional en que se expresa la escaleta de los telediarios. ¿Cómo podemos avanzar hacia un lenguaje informativo más directo e inmediato, desprovisto de retóricas impostadas y que transmita lo que sucede de acuerdo con la inmediatez con que ello pasa, sin caer en excesivas familiaridades e incluso vulgaridades, cuando no imprecisiones, insuficiencias y meras vaguedades? ¿Cuál es el trabajo de investigación en escritura informativa y lenguajes que debe marchar en paralelo al de la investigación en nuevos formatos y medios?
  • ¿Dónde y cómo hacen su formación en locución y prosodia los nuevos profesionales del audiovisual? Rota la cadena de transmisión entre unas y otras generaciones de locutores, se hace difícil situar cuerpos consistentes de profesorado experto en estas materias en las facultades de comunicación; desaparecidas las radioescuelas y siendo difícil ingresar en las emisoras comerciales, los jóvenes profesionales carecen de un sustento consistente en este sentido. Entre la elaborada locución de los actores de doblaje y la improvisada locución informativa general, ¿cómo se generará una nueva comunicación hablada de calidad propia de un audiovisual evolucionado? ¿Cómo romper con las dos lacras realmente existentes en este campo que son la prosodia defectuosa de los offs de muchos vídeos informativos producidos deprisa y corriendo y la inquietante uniformidad de una radio informativa que suena toda igual sin importar qué emisora se sintonice?
  • La imprevisibilidad y ubicuidad con que se produce la información ha dado origen al MOJO (mobile journalism, periodismo móvil). Ello nos obliga a reconvertirnos en profesionales capaces de hacer coberturas informativas con herramientas ligeras, miniaturizadas e integradas (y algo parecido sucedió antes, cuando se fundió la pareja reportero-operador de cámara en un solo periodista ENG, electronic news gathering). Pero la recepción de la información audiovisual también ha cambiado: los dispositivos y sus pantallas se han miniaturizado también, se han multiplicado y se han hecho igualmente ubicuas. ¿Cómo pensaremos la consiguiente y consecuente transformación de lenguajes, géneros, formatos, programaciones y concepción global de la información audiovisual cuando su recepción se revoluciona de este modo? Porque ante un cambio de semejantes dimensiones la reflexión debe hacerse simultáneamente en los dos extremos del hecho noticioso, en la producción y en la recepción.
  • Pensar la información televisiva implica pensar la propia televisión, que debe obedecer una vez más la ley de convertirse en aquello a lo que está llamado a ser o bien desaparecer. Solemos olvidar que un día hubo cine informativo: no sólo los NO-DO sino los grandes noticiarios internacionales que durante los años 30 y 40 convocaron masas en las salas cinematográficas que reclamaban informarse sobre los grandes cambios del siglo y el transcurso de la guerra mundial. Ahora eso nos hace sonreír y no es más que una reliquia. En aquel momento no se podía imaginar que la información audiovisual, vehiculada por el cine, llegaría a desaparecer y resucitar transformada en información televisiva. La información visual de impacto, entonces, no era únicamente la revista Life sino los potentes informativos distribuidos por las grandes corporaciones audiovisuales de la época a través de los circuitos cinematográficos y que fueron descomunales y magistrales piezas de propaganda.  Con eso quiero decir que la televisión podría correr el riesgo de desaparecer como sucede con la prensa impresa, porque antes de que existiese otra torre tan alta también cayó. La pregunta que ahora toca hacerse es cuándo, cómo y a beneficio de qué morirán los informativos del mediodía y de la noche, y no sólo ellos, sus formatos, lenguajes y concepto de programación. La ventaja que tenemos en este momento, a diferencia de cuando la información vía sala de cine, es que tenemos ante nuestros ojos ya dispuestos los escenarios de la muerte y de la resurrección. La pregunta, cruel y directa, es, pues: ¿por qué no sabemos ver cómo se producirá la transformación y qué debemos hacer para propiciar que se produzca a favor de la información plural, democrática, veraz y de calidad en lugar de incrementar el volumen de la masa de entretenimiento defectuoso? 

 

GabrielJarabaGabriel Jaraba. Doctor en Ciencias de la Comunicación y Periodismo. Profesor del Departamento de Periodismo y Ciencias d ela Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Ha sido director adjunto de programación y jefe de proyectos de TV3 Televisió de Catalunya. Fundador de El Periódico de Catalunya, ha sido redactor jefe de este diario y su crítico de televisión. Fue corresponsal de RTVE y RNE en los años 70. Tiene 47 años de experiencia profesional.

 

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