El reto del nuevo contexto digital para la información audiovisual y el periodismo es tan colosal que, si hay una frase que lo puede resumir es que lo que está sucediendo es, precisamente: que hemos perdido todos los contextos y todas las referencias.

Tradicionalmente llamábamos contexto –en la comunicación y en la praxis- a los objetos y paisajes que nos rodeaban; al momento concreto en que actuábamos; a los interlocutores o actores con los que nos relacionábamos;  y a las normas que nos obligaban a actuar de cierto modo, y que nos  ayudaban a valorar y a juzgar los procesos y situaciones .

Y era en esos contextos, en los que nuestras estrategias de comunicación encontraban referentes y pautas claros, y en cierta manera determinantes de nuestra visión del mundo y de nuestra praxis social.

Por lo que hace a los medios, los contextos eran claros y estables. Conocíamos nuestra audiencia real o potencial, nos habíamos adaptado a ella,  y la conocíamos aunque fuese con modelos cognitivos aproximados. Y también conocíamos nuestro territorio, nuestro espacio y nuestro medio. Incluso, algunas normas referidas a la valoración de la información eran estables y empleábamos eslóganes y valores como el de la objetividad, la separación entre opiniones e información, el secreto sobre las fuentes, etc.

La disolución del contexto

Hoy en día, en cambio todo ha mudado.  Nuestro espacio –con Internet y los móviles- se ha ampliado. Las limitaciones geográficas no cuentan apenas. No tiene sentido hablar de medios locales, nacionales, regionales, estatales, globales… todos son planetarios. Todos son accesibles desde cualquier lugar, y llegan a cualquier lugar de la Tierra.

Nuestras audiencias pueden estar en cualquier parte del mundo. Y no es el espacio el que la convierte en nuestra audiencia, sino otro tipo de relación, de fidelidad.

Nuestros tiempos no son los de antes, ni su regularidad ni su ritmo es lo que un día fue. Los tiempos de antes no tienen sentido para una audiencia que puede recuperar nuestros mensajes permanentemente, asincrónicamente, y consumirlos al ritmo que decida.

Nuestros medios y nuestros mensajes no son los mismos. Lo que producimos, sea televisión, radio o texto impreso ya se ha hecho texto dinámico. No se lee como antes que se decodificaba, sino que se navega por la información, se avanza por ella respondiendo a estrategias concretas, y esto cambia por la actividad de lectura de nuestra audiencia, del espectador concreto. La convergencia mediática ha unificado todos los dispositivos, fuentes y mensajes y lo que prevalece es la navegación individual, con menos cortapisas. Cada vez más prevalece la estrategia singular de lectura.

En esas estrategias hay, además, un choque generacional que presagia el futuro.

Los mayores de 50 y 60, en general, suelen seguir las rutinas clásicas y las rutinas de antaño. Medios y fuentes informativas clásicas y estables: la televisión; la secuencia de la programación; la navegación, muy escasa escasa.

La nueva generación, en cambio, es digital, ubicua, móvil, practica la diversidad de todas las maneras, navega en Internet y privilegia las redes sociales en lo que se refiere al consumo de información.

Los mensajes son dinámicos, se integran como si fuesen un mosaico, y se estructuran hasta lograr componer un conjunto, no por la voluntad de su productor sino por la acción de su usuario o lector. Debido a sus estrategias activas de lectura.

Las tecnologías, por su parte, han roto casi todos los formatos anteriores. Han favorecidos la transmedialidad, la hibridación, la multiplicación y combinación de lenguajes.

Además, se han roto muchas reglas y expectativas que funcionaban en el sistema masivo de medios: la responsabilidad en la autoría, la separación de géneros, una perspectiva sobre los acontecimientos estable, la regla de la objetividad, etc.

Hoy, es difícil separar el espectáculo de la información; o  distinguir la opinión de la información; hay sesgos intencionales en cualquier mensaje; cuesta también distinguir lo serio de la broma, la sátira de la información, el servicio público del consumismo y la comercialidad, etc.

Finalmente, se disuelven las estructuras de poder que existían en el universo de la comunicación masiva. Han desaparecidos antiguas formas de poder, pero aún no conocemos bien las que se están conformando. Se habla de plataformización, de caja negra, de poderes ocultos… ¿Quién detenta el poder? ¿El productor, el medio, el distribuidor, las nuevas plataformas, los estados, las finanzas, los ciudadanos…?

Nos hallamos, pues, en un período de disolución que algunos no se atreven a denominar un “orden nuevo” sino un caos creativo…

¿Es posible disponer de nuevas referencias?

En todo caso, si fuese posible disponer de nuevas referencias, estas no tendrán ni la forma ni la apariencia de las tradicionales.

Por tanto, no se trata de sustituir los viejos públicos por otros nuevos. Ni de siquiera volver a pensar en mantener los formatos y reglas de antes. Ni los espacios ni los tiempos tradicionales. Ni mucho menos el objetivo puede ser volver a los principios, a lo básico. No. Estamos ante una transición fuerte, que tiene forma de tsunami, y que nos llevará a una mudanza completa. Que dejará un ecosistema mediático completamente diferente.

Pero para anticiparnos,  hemos de innovar y reinventarnos. Tenemos que investigar no sobre el pasado, sino sobre el futuro.

Y lo tenemos que hacer de un modos reflexivo y sistemático.

Propongamos algunas referencias que deberán construirse a partir de ciertas indicaciones y sugerencias.

  1. La nueva información audiovisual tiene que centrarse en facilitar la construcción de sentido. O sea, en ayudar la comprensión del mundo y de lo que está sucediendo. Por tanto, no es solo informar y opinar. Se trata de seleccionar lo pertinente, lo que tiene sentido y de interpretarlo y acomodarlo a un marco de comprensión. Dicho de otro modo, facilitar su integración en los conocimientos previos del público con el que tratamos.
  1. La mayor competencia entre los medios no será por la audiencia, sino por la construcción de sentido. El medio mejor situado es el que mejor ayude a construir sentido a la ciudadanía. El que mayor coherencia y pregnancia pueda asegurar a sus usuarios. Pero no será una coherencia cerrada, sesgada, ideológica. Sino un tipo de coherencia que sea capaz de abrirse a los cambios, al futuro, a los hechos. Será la coherencia que mayor capacidad de integración tenga del cambio.
  1. El sentido que proporcione la nueva información audiovisual solo puede surgir de la conversación permanente con la audiencia. Esto significa, la audiencia primero. Conversación que se basa en la constante interacción, en la generación de contenidos por parte del usuario, en la integración en la conversación de sus puntos de vista, de sus observaciones, de sus aportaciones. Porque el sentido no es un discurso, ni la convergencia de muchos… Es el fruto de una estrategia de interlocución y los medios son solo una parte. Y cuanto más diversa pueda ser la conversación, más facilidad para la construcción y reconstrucción del sentido.
  1. La nueva información audiovisual tiene que ser confiable, y estar legitimada en el día a día. El crédito de las fuentes o de los medios dependen cada vez menos de lo que se ha hecho en el pasado. Es cuestión del día a día. El prestigio tradicional o de la imagen cuentan poco. La legitimidad y la confianza nacen del día a día, del caso por caso, de las competencias y capacidades que los medios y los ciudadanos nos otorguen o nos puedan otorgar.
  1. Esta confianza tiene que fraguarse en una conversación reflexiva sobre los métodos, sistemas y maneras de la conversación. O sea, una meta-conversación. No es solo transparencia lo que se requiere. Porque la transparencia nunca es total, ni lo consigue todo. En cambio la meta-conversación puede darnos el sentido crítico que nos permita someter a examen los principios, los puntos de vista, etc.
  1. Trascendiendo la pura información se construye mejor el sentido. El sentido afecta al conjunto de la programación. Si estamos en televisiones, la mayoría de ellas generalistas, ¿por qué entonces renunciar a que la construcción del sentido se limite solo a lo que llamamos información? Hoy en día es una realidad que el humor, la sátira, la ficción y el entretenimiento ayudan a la construcción de sentido. ¿Por qué perder de vista este hecho? ¿Por qué fragmentar nuestro discurso? El sentido es global, y asume cualquier información, cualquier género cualquier propuesta (#metoo)…
  1. Se trata, también, de trascender el medio, nuestro medio. La nueva tarea es insertarse en las redes sociales, en los otros medios sociales en la conversación cotidiana de la gente por todos los medios existentes. Esto significa ser primero sociales, luego, todo lo demás.
  1. Una nueva responsabilidad editorial. Es algo más allá que lo que denominábamos responsabilidad sobre la línea editorial y que consistía en asegurar la coherencia intencional de un flujo de información. Es la necesidad de atender y cuidar el diálogo, la conversación.
  1. Porque lo importante es la posición y el papel que sepamos jugar en el inmenso flujo informacional existente. Al multiplicarse ese flujo y provenir de muchísimas fuentes, el concepto de línea editorial se diluye. Subsiste sin embargo, el principio de la verificación de los hechos, de la veracidad, de la libertad considerada en sentido amplio –no solo del periodista, sino del ciudadano, de las instituciones, de la estructura de las cadenas, etc.-. Es un proceso más complejo que nunca, pero que, del modo que sea, viene a construir un nuevo sistema de responsabilidad (Facebook).
  1. La mejor referencia para el futuro será la transformación constante, la reinvención y la innovación. Procurando, eso sí que todo sea para facilitar el sentido del mundo.

 

jm

José Manuel Pérez Tornero. Director del Gabinete de Comunicación y Educación (Universidad Autónoma de Barcelona). Catedrático de Periodismo en la misma universidad. Experto y consultor de la UNESCO y la Unión Europea en materia de servicio público de televisión y de alfabetización digital y mediática. Miembro del comité organizador y del equipo de investigación del Observatorio para la Innovación de los Informativos en la Sociedad Digital (OI2) desde su creación.

 

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