Si no somos serios sobre los hechos, y sobre lo que es verdad y lo que no lo es, si no podemos diferenciar entre los argumentos serios y la propaganda, entonces, tendremos problemas.

Barack Obama (18 Noviembre 2016)

El Diccionario Oxford ha elegido post-verdad (del inglés post-truth) como la palabra internacional del año. Según este Diccionario, el concepto hace referencia a “circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las referencias a emociones y a creencias personales”.

¿Por qué es “post-verdad” la palabra del año 2016? Tras la victoria de Trump en Estados Unidos, tras el Brexit o el referéndum sobre el proceso de paz en Colombia, se habla de un mundo post-verdad en el que la política que apela a las emociones tiene más peso que los hechos comprobados. Pero, realmente, ¿nos acercamos hacia un mundo donde los hechos no importan? ¿Qué nos hace pensar en ello?

Un nuevo sistema de acceder a la información

En primer lugar, la manera en que accedemos a la información ha cambiado radicalmente en los últimos años. La prensa y los informativos de televisión pierden audiencia, y las redes sociales han pasado a ser hegemónicas. Según un estudio del Pew Research Center (2016) el 62% de los adultos estadounidenses obtiene la mayor parte de la información a través de las redes sociales. Y el 18% lo hace muy a menudo.

Por otro lado, El Digital News Report (2015) del Reuters Institute for the Study of the Journalism señala que los informativos televisivos tradicionales pierden terreno en favor del video online y de nuevos formatos visuales. Y esto afecta especialmente a los menores de 35 años.

Falta de discernimiento

En segundo lugar, falta sentido crítico ante la información. Según un estudio de la Universidad de Stanford, el 82% de los estudiantes de secundaria no pueden distinguir entre un anuncio etiquetado como contenido patrocinado y una noticia real en una página web. Muchos estudiantes dieron más credibilidad a un tweet informativo basándose en algo tan estrambótico y detalle tan engañoso como el que contuviera o adjuntara una gran foto, con independencia de cual era la fuente de la noticia.

No ofrece mejores resultados un reciente estudio realizado por Ipsos Public Affairs para BuzzFeedNews en el que se muestra que las noticias falsas engañan a los adultos estadounidenses el 75% de las veces. Y que las personas que tienen Facebook como principal fuente de información tienen más probabilidades de considerar los titulares falsos que aquellos que usan otros modos de acceder a la información. para informarse.

La necesidad de verificar la información

Y, pese a todo ello, está cada vez más claro que en un ecosistema comunicativo con abundantísima información o con sobreinformación -y con abundancia de fuentes-, se hace absolutamente necesario comprobar la veracidad de las noticias.

Como bien apunta Lucas Graves en Deciding what’s true: The rise of political factchecking in American Journalism (2016), en el periodismo actual se observa que está aumentando la comprobación de los hechos hasta convertirse en “un estilo de información y un movimiento en el periodismo actual que es vital para revitalizar los ideales tradicionales de búsqueda de la verdad”.

El Reuters Institute for the Study of Journalism (2016) ha analizado este fenómeno constatando el crecimiento de sitios web destinados a comprobar la veracidad de noticias. En la última década han aparecido plataformas dedicadas a comprobar la veracidad de las noticias en más de 50 países, estando activas más de 113 -más del 90% creadas a partir de 2010 y 50 lanzadas en los últimos dos años-. Muchos de estos “verificadores” están asociados a organizaciones mediáticas tradicionales, pero una mayoría de ellos -más del 60%- no lo están. Funcionan como entidades independientes o como proyectos ligados a alguna organización civil (por ejemplo, PolitiFacts, FactCheck.org, Snopes, Demagog.cz, entre otros).

Entre los medios tradicionales que han desarrollado alguna iniciativa que comprueba la veracidad de la información se encuentra Le Monde (Les Décodeurs), Libération (Désintox), The Washington Post (Fact Checker), France 24 (Les Observateurs), Channel 4 News (FactCheck), The Guardian (Reality Check) o La Sexta (El Objetivo).

Pero ¿son útiles estas nuevas plataformas? Solo el tiempo lo dirá, pero un dato nos sirve como indicio: Channel 4 News obtuvo casi tres millones de visualizaciones de su video online en el que desmentía las afirmaciones más importantes relacionadas con el Brexit.

El perverso papel de los algoritmos secretos

Sin embargo, pese al optimismo que puede suscitar el fenómeno creciente de la verificación, otros datos inducen al pesimismo. Por ejemplo, Facebook ha sido acusada de haber influido en la campaña presidencial estadounidense con la difusión de informaciones falsas que habrían favorecido a Trump, con un impacto mucho mayor que de las informaciones verdaderas.

Pero ¿quién elegía las noticias en la red social? Sencillamente, un algoritmo. Un algoritmo que decidía el orden de las noticias que vemos en la red social. ¿Cómo y por qué se creó este algoritmo? Los hechos fueron los siguientes. Tras recibir críticas por promocionar noticias con un sesgo izquierdista, Facebook reemplazó al personal encargado de organizar las noticias de su sección Trending Stories por algoritmos. Pero los algoritmos no necesariamente garantizan que las noticias sean realmente noticias. De hecho, fueron los algoritmos los que sesgaron la información a favor de Trump.

Iniciativas a favor de la verificación

A raíz de haber recibido infinidad de críticas, tanto Facebook como Google están tomando medidas para impedir que sitios web que diseminan noticias falsas utilicen sus plataformas. Google ya había anunciado en octubre que introduciría una nueva función en su servicio Google News que destacaría los artículos que habían sido verificados previamente de forma rigurosa.

Por otro lado, la Digital News Initiative Innovation Fund de Google ha financiado varios proyectos relacionados con la verificación de datos, entre los que se encuentra Full Fact, una iniciativa británica que está construyendo una fact-checker automatizado adaptado para periodistas; Ferret, iniciativa escocesa dedicada al fact-checking o Spiegel Online que ha recibido financiación para un proyecto colaborativo con el Institut für Spienlanalyse.

Ahora bien, todas estas iniciativas pueden ser muy positivas pero es difícil que cambien el modo de pensar de aquellos que, expuestos al efecto de una cámara de resonancia durante muchos años, sólo consumen noticias ajustadas a su modo de pensar (la “burbuja de filtros” de la que habla Eli Pariser).

La necesidad de la alfabetización mediática

Por eso, más que nunca, la alfabetización mediática es necesaria.

¿Por qué no enseñar desde la escuela a los niños a ser críticos con los medios? Un estudio realizado por Paul Mihailidis (2009) apunta que los estudiantes que realizan cursos sobre alfabetización mediática incrementan su habilidad para entender, evaluar y analizar los mensajes de los medios. ¿Por qué no ofrecer a los niños y jóvenes las herramientas necesarias para evaluar la credibilidad de la información?.

Si las nuevas generaciones obtienen su información de redes sociales y otros recursos online deben aprender a decodificar lo que leen online. Por eso hay que integrar la alfabetización mediática en el currículum escolar (ver por ejemplo Project Look Sharp o el News Literacy Project).

Pero la alfabetización mediática no sólo es responsabilidad de las escuelas. Como recientemente ha apuntado Dan Gillmor en las predicciones para 2017 del NiemanLab, los medios y los periodistas pueden conseguir mayor impacto que las instituciones educativas. De aquí que sea necesario que los medios sean más transparentes (hacer participar a las audiencias, conversar con ellas y reconocer los errores con explicaciones de lo que sucedió y los pasos que se tomarán para prevenir que esto no ocurra en el futuro).

Y no sólo los medios tradicionales pueden y deben ayudar a sus usuarios a desarrollar habilidades esenciales de alfabetización mediática. Plataformas tecnológicas como Facebook, Google o Twitter también pueden ayudar a formar ciudadanos críticos.

Solo empoderando a los ciudadanos y facilitándoles la adquisición de las capacidades suficientes para distinguir entre noticias reales y falsas, acabaremos con la época de la post-verdad. Y solo potenciando la alfabetización mediática se conseguirá que la ciudadanía pueda decidir libre y autónomamente. Y de todo ello depende la democracia en la actualidad y en el futuro.

Autora: Nuria Fernández (para Aika)

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