Imagine que su hijo procede de un barrio desfavorecido de Londres, que es estudiante de música y que su educación musical se está llevando a cabo sin tener ningún contacto con instrumentos reales. Imagine también a una televisión pública que quiere hacer algo para cambiar el rumbo de las cosas. Con su proyecto Don´t stop the music, el canal británico Channel 4 ha conseguido que 10.000 jóvenes se beneficien de los casi 7.000 instrumentos donados por la población después de la campaña de concienciación puesta en marcha por el canal público. Así lo puso de manifiesto Adam Gee, consultor de programación multiplataforma del canal y uno de los creadores de la idea, en el curso de la presentación del programa en la edición 2015 de Interdocs Barcelona, que tuvo lugar el pasado mes de mayo de 2015 en el CCCB de Barcelona.

Fuente: Wikipedia Creative Commons Attribution-ShareAlike License

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Desde un punto de vista mediático, el canal ha convertido la campaña liderada por el pianista James Rhodes en un conjunto de episodios televisivos donde la audiencia va siguiendo contenidos relacionados con las donaciones, las historias personales ligadas a esos instrumentos donados, la logística necesaria para poder hacerlos llegar a los centros educativos o la lucha por conseguir que el gobierno se involucre en una educación de igualdad de oportunidades.

La serie, que puede serguirse en línea, ha conseguido con éxito generar sinergias: une a un medio tradicional y a las redes sociales para implicar a la audiencia como agente de transformación social. Este es un ejemplo de cómo dotar al concepto de servicio público de un noble sentido. El proyecto ha tenido tal impacto en la sociedad británica que ha llegado incluso al propio Parlamento en forma de debate sobre el futuro de la educación musical en el país.

En la génesis de la idea se sitúa la investigación de la Royal Schools of Music (ABRSM), que constataba que un tercio de los estudiantes en el sistema de educación obligatoria pertenecientes a grupos más desfavorecidos declaraban que nunca habían tenido oportunidad de tocar un instrumento en la escuela. El canal, que cuenta con un departamento de proyectos transmedia y con directivos específicos de Social Media, de VOD y de Multichannel, ha conseguido con esta idea desarrollar un producto novedoso e innovador que hace uso de las nuevas posibilidades asociadas a la cultura participativa.

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Una cultura asociada al uso de términos como “prosumidor”, mezcla de productor y consumidor  o “produsage”, mezcla de producción y uso. Ninguno de los dos términos son nuevos; mientras que Toffler concibió el primero de ellos en 1980, Axel Bruns es el autor del segundo cuando empezó a usarlo en el año 2008. Pero explotar el verdadero significado de los mismos es aún un reto para las cadenas de televisión. De hecho, tal y como indica el estudio Guidelines for Broadcasting on Promoting User-generated content and Media and Information Literacypublicado por la UNESCO en 2009 con la participación del Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB, pueden ser numerosos los beneficios para los emisores que opten por incorporar a las dinámicas de sus parrillas esta cultura participativa a través de contenidos generados por los propios usuarios.

Entre ellos se encuentra la posibilidad de recibir contenidos audiovisuales a los que de otra forma las cadenas no  tendrían acceso por sí mismas, principalmente en el envío de información inmediata y cercana al lugar de los hechos. No se trata solo de noticias de impacto y de última hora: también la información personal de las audiencias está empezando a ser valorada desde otros parámetros. Para ello, resulta fundamental el papel activo de los broadcasters en la promoción de contenidos de calidad, que en muchos casos llevan aparejados la necesidad de formación en medios de comunicación.

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Un ejemplo de éxito lo proporciona el programa Les Observateurs, de France 24, donde cualquier ciudadano que reciba una formación por parte del canal puede en teoría convertirse en productor de noticias, bajo el auspicio y la revisión de los filtros de calidad de la cadena televisiva. Resulta sin duda un buen ejemplo de cómo configurar informativos de televisión y ejercer alfabetización mediática de la mano de una red de “observadores” repartida por el planeta.

Las televisiones del futuro, siguiendo este modelo de participación ciudadana, están también llamadas a contar con sus audiencias e involucrarlas en la producción de sus contenidos y en el formato último que adquieran los programas. Todo un reto que espera detrás de la puerta.

Autora: Lidia Peralta.

 

 

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